No es fácil comprar ropa para un grupo de personas. No sólo es necesario saber las diferentes tallas de cada uno de ellos (hay algunos que milagrosamente bajan algunos kilitos cuando les preguntas), sino que también se vuelve importante conocer a cada uno de ellos personalmente, pues hay telas y cortes que se adaptan mejor a un tipo de cuerpo que a otros, colores y patrones que son más afines a éste u otro tipo de personalidad.

Cuando de lo que se trata es de comprar ropa en mayoreo para una empresa o una institución, se vuelve aún más compleja la tarea. Hay que asegurarse que el diseño y los colores cuadren con el lenguaje gráfico y arquitectónico que se expresa en todos lados: el de las oficinas, de los logos y demás. Por eso las pruebas de color son tan importantes, hay que poder sentir la textura de la tela, comparar las tonalidades con la iconografía empresarial y asegurarse de muchos detalles más. Es un proceso que puede ser muy arduo, y requiere ser aprobado por diferentes autoridades dentro de la empresa y en la fábrica a la que se le va a comprar.
La cosa se complica aún más haciendo este tipo de compras al mayoreo en una tienda de ropa online. Muchos hemos tenido muy malas experiencias con este tipo de servicios, sobre todo cuando se trata de uniformes ejecutivos o chamarras para empresas. Siempre nos pasa igual: en las fotos aparecen modelos despampanantes con poses que nos parecen fuera de este mundo, hombres y mujeres que proyectan seguridad y autoridad. “Ése podría ser yo”, pensamos; “si compro este chaleco, puedo llegar a ser el jefe departamental”.
Pero, como cualquier otra cosa que se compra en Internet, es muy difícil distinguir la ficción de la realidad. Lo más seguro es que la mayoría de las prendas que aparecen en las fotos están manipuladas para relucir más pulcras, para que los colores nos aparezcan con mayor intensidad. Por lo general, una tienda de ropa online contrata fotógrafos especializados que pueden lograr maravillas con los modelos—de repente las oficinas se convierten en un espacio idílico, soñado.
Caemos inmediatamente y, con un click y la tarjeta de crédito de la compañía, compramos 300 chamarras para Navidad, pensando en que a nuestros jefes les va a encantar, que nuestros compañeros de trabajo se sentirán honrados de ponérselas, que seremos agradecidos por toda la eternidad.
Por fin, el momento soñado llega. Entramos al lobby o al almacén y vemos que afuera ya están descargando cajas y cajas que han llegado directamente desde China u otro país lejano. Nos acercamos, y las abrimos. Entonces nos cae la sorpresa, y tenemos que asimilar una dura realidad. Las prendas no sirven. Los colores, que en la pantalla aparentemente eran los mismos que los del logo de la compañía, no tienen nada que ver. Un azul parece violeta. Un naranja tiene la tonalidad de un rojo.
Pero eso no es lo único: con las prendas de compradas en una tienda de ropa online muchas veces tenemos otros problemas. El estampado se deshace al pasar unos cuantos días—el bordado se empieza deshilachar. Los bordes de los hombros se deshacen. A la primera lavada el color se vuelve otro.
Desgraciadamente, en esta lista hay una gran cantidad de etcéteras. Para el final, lo que parecía ser una buena compra se convierte en un desastre: nos damos de buenas que nuestro jefe no nos haya despedido, juramos nunca jamás comprar, ni siquiera unos calcetines, en una tienda de ropa online.
Ninguna de estas cosas suceden con Rozen. Hay varias cosas que nos distinguen como tienda de ropa online. En primera, nuestro negocio no se da completamente online: de hecho somos, orgullosamente, una empresa que lleva más de cuarenta años en el mercado, mucho antes que existiera el Internet y las plataformas que han revolucionado el sector textil a nivel internacional.
Tantos años de experiencia nos han enseñado que no hay nada como una conversación con un ser humano de carne y hueso, que las prendas no son objetos a los que se les toma fotos sino herramientas esenciales utilizadas desde tiempos inmemorables para protegernos de los elementos naturales. La ropa nos cubre, nos hace sentir bien, es como una casa portátil que nos hace sentir seguros de nuestro lugar en el mundo.
Esta es la mayor distinción que se le puede dar. Por eso contamos no solamente con un catálogo impreso sino también con un muy capacitado personal de ventas que le ayudará a tomar las decisiones adecuadas según las necesidades de su compañía. Es una vez que se hayan discutido todas las opciones que nos quedan otras.
Una tienda de ropa online, si bien representa una opción viable cuando la persona se encuentra lejos del lugar en donde se ha creado la prenda (ya sea en otro país, en una ciudad distante), nunca podrá sustituir la experiencia personal de ir a un almacén y comprar la ropa de manera directa, frente a frente con el proveedor. Estar en contacto con las prendas, ver el tipo de fibras con el que están hechas, probar su resistencia, admirar sus colores y su manufactura y, quizás, lo más importante, poder ingresar al probador a corroborar si en efecto nos queda bien, son elementos que una tienda de ropa online no puede brindar al cliente de ninguna manera. Unas cosas por otras, no hay más.
Por esta y por otras razones, en Rozen creemos que no existe un sustituto para la compra de ropa cara a cara, con los expertos, como nosotros. El trato personalizado prevalecerá por mucho que cambien los tiempos: de eso estamos seguros.